domingo, junio 25, 2006

Sobre Gatos


-¿Alguna vez-dijo el joven, pensativo-, al ir en un ascensor, te has negado a hablar del tiempo, y has contado en cambio una historia sobre tu gato preferido? Al llegar al último piso, de los compañeros de viaje brota una rara mezcla de sonidos.
En ese momento el gatito regresó a la habitación.
El gatito saltó a la cama y se acomodó en el medio de una almohada en el centro de la cama.
-Es exactamente lo que yo iba a sugerir- dijo el joven al ver eso-. Si necesitamos descansar mientras hablamos, dejemos que el gato ocupe el centro de la cama mientras nos quedamos acostados a los lados, vestidos, discutiendo el problema. El primero hacia el que se mueva el gato, eligiéndolo como dueño, se lo lleva. ¿De acuerdo?
-Te guardas un as en la manga- dijo ella.
-No- dijo él-. Aquel hacia el que vaya el gato será su dueño.
El gato, en la almohada, estaba casi dormido.
El joven trataba de pensar en algo que decir porque la enorme cama estaba desocupada salvo por el animalito soñoliento. De repente se le ocurrió algo y lo dijo por encima de la cama.
-¿Cómo te llamas?- preguntó.
-¿Qué?-
-Bueno-dijo el joven, si vamos a discutir por mi gato hasta el amanecer…
-¡Hasta el amanecer!¡Qué tonterías dices! Quizá hasta medianoche. Querrás decir mi gato. Catherine.
-¿Perdón?
-Te parecerá un nombre tonto, pero me llamo Catherine.
-No me digas el apodo.
El joven casi soltó una carcajada.
-No te lo diré. ¿Y tú cómo te llamas?
-No lo creerás. Tom.
Hizo un gesto con la cabeza.
-He conocido una docena de gatos con ese nombre.
-No vivo de él.
El joven probó la cama como si fuera un baño caliente, esperando.
-Tú puedes quedarte ahí de pie si quieres, pero yo…
El joven se acomodó en la cama.
El gatito seguía dormitando.
-¿Y bien?- dijo él con los ojos cerrados.
Ella se sentó, y después se recostó en el otro extremo, preparada para caer.
-Así está mejor. ¿Por dónde íbamos?
-Estábamos tratando de demostrar quién de nosotros merece llevarse a casa a Electra.
-¿Has bautizado al gato?
-Un nombre neutro, basado en la personalidad, no en el sexo.
-Entonces ¿no has mirado?
-Ni miraré. Electra. Continúa.
-¿Mi alegato de propiedad? Bueno.
El joven hurgó en el espacio detrás de los párpados.
Se quedó un instante mirando el techo y después dijo:
-Qué rara relación tenemos con los gatos. Cuando era niño, mis abuelos nos ordenaron a mí y a mis hermanos que ahogáramos una camada de gatitos. Salimos y ellos obedecieron, yo no aguanté aquello y me escapé.
Hubo un largo silencio.
Ella miró al techo y dijo:
-Gracias a Dios.
Hubo otro silencio y entonces el dijo:
-Algo más raro pero mejor ocurrió hace unos años. Fui a una tienda de animales en Santa Mónica, buscando un gato. Tendrían allí veinte o treinta, de todo tipo. Yo miraba alrededor y la vendedora señaló uno y dijo:”Ése sí que necesita ayuda”.Observé el gato, que tenía aspecto de haber sido metido en una lavadora. “¿Qué pasó?”,pregunté.”Ese gato perteneció a alguien que le pegaba, así que se asusta de todo el mundo”, dijo la mujer. Miré el animalito a los ojos y tomé la decisión.”Me lo llevaré”.Agarré el gato, que estaba aterrado y me fui con él a casa, y al soltarlo corrió al sótano, de donde no quería salir.Tardé más de un mes, bajando y dejando comida y leche, en conseguir que volviera, escalón a escalón. Y entonces se hizo amigo mío. Que historias diferentes teneomos, ¿verdad?
-¡Caramba!-dijo la joven-.Claro que sí.
Ahora la habitación estaba oscura y muy silenciosa.El gatito seguía acostado en la almohada entre ellos y los dos miraron para ver como estaba.
Estaba profundamente dormido.
Los dos se quedaron boca arriba estudiando el techo.
-Necesito decirte algo-admitió ella un rato después-,algo que he estado posponiendo porque parece una petición especial.
-¿Petición especia?- preguntó él.
-Bueno- dijo ella, en casa, en este mismo momento, tengo un trozo de tela que he cortado y cosido para mi gatito que murió hace una semana.
-¿Qué clase de tela es ésa?- preguntó el joven.
-Es…-dijo ella-.Es un pijama para gato.
-Ay, Dios mío-exclamó él-. Has ganado.Este pequeño animal es tuyo.
-¡No, claro que no!-exclamó ella-. No es justo.
-Cualquier persona-dijo el joven-que fabrique un pijama para ponérselo a un gato merece ser el ganador de la competición. Este individuo es tuyo.
-No puedo hacer eso- dijo la joven.
-Ha sido un placer-dijo él.
Se quedaron un largo rato en silencio.
-La verdad es que no eres tan malo- dijo ella al fin.
-¿Tan malo como qué?
-Como pensé cuando te vi por primera vez.
-¿Qué es ese sonido?-preguntó él.
-Me parece que estoy llorando-dijo ella.
-Durmamos un rato-sugirió él por último.
La luna bajó por el techo.

Salió el sol.
Él estaba acostado en su lado de la cama, sonriendo.
Ella estaba acostada en su lado de la cama, sonriendo.
El gatito descansaba sobre la almohada entre ellos.
Por fin mirando la luz del sol en la ventana, la joven preguntó:
-¿El gatito se ha movido hacia algún lado para señalar a cual de los dos va a pertenecer?
-No-dijo el joven sonriendo-.El gato no se ha movido. Pero sí.

El signo del gato (Ray Bradbury, 2003)

5 comentarios:

Marxe dijo...

Miaaauuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!

conciertoparaviolin dijo...

Guauuuuuuuuuuuuuuu!

Marxe dijo...

Che, que onda este blog que no se actualiza? Hums...

conciertoparaviolin dijo...

Ahi ta, actualicé :D

Anónimo dijo...
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